Cuando la noche caía sobre el andén: poemas de Anahí Maya Garvizu
- Poesía Boliviana
- 22 feb 2018
- 3 Min. de lectura
JAM SESSION
Mi amigo decía: “Todo lo que vive tiembla y provoca temblor”.
El domingo por la mañana frente al supermercado
la fila doblaba la esquina
para entrar a uno de los cajeros automáticos.
En la puerta del otro, un indigente dormía
ante el espasmo de los usuarios
que miraban las repugnantes heridas de sus manos.
Por cada ligero movimiento que hacía
todos sujetaban sus tarjetas de crédito.
Él sin embargo, ya había cruzado el límite,
casi adormecido babeaba en cada ronquido
hasta que levantándose de un sobresalto
sacudió el polvo en sus rodillas
y se alejó como un contrabajo balanceándose lentamente.
UN PASAJE AZAROSO
Desorientada atravesé el pasillo descalza
y me detuve a observar la noche de luna llena
en que las mujeres contaban
los dedos de las manos y los pies
de sus hijos recién nacidos
en la sala de maternidad.
Incapaz de comprender,
yo las miraba
como a una película muda
acompañando de un modo instrumental, por así decirlo.
Figuras de cautivante languidez paseaban
hacia las secciones de lepra y paludismo
granuladas por un filtro que anunciaba el desenlace.
En seguida las paredes color pastel
se crisparon en la oscuridad.
Nos inclinamos pero sentimos estar bajo el peso
de un derribo de arenisca,
e intentamos gritar cuando nuestra lengua
parecía estar pegada al paladar.
Retorné con las manos temblorosas,
enceguecida, frotándome los ojos
para reconocer el lugar
como si entrara en una habitación sombría
después de una mañana bajo el sol.
FRONTERA
Quizá eran las seis de la tarde
cuando la noche caía sobre el andén
y aún podían verse a los muros resquebrajados
como si no soportaran el calor del día,
una madre que a pesar del ardor en sus mejillas
sostenía con un brazo a su hijo
y espantaba con la mano izquierda a las abejas
sobre los vasos de refresco.
Camiones partiendo repletos de madera,
personas canjeando monedas,
personas esperando abordar,
en la maleta una fotografía.
Los que se van siempre están un poco tristes,
un poco en el pasado.
(Nunca me había encontrado tan lejos de casa
pero tan cerca de otro lugar)
Verlo todo en el recuerdo
de este cuadro que cuelga sin marco
con tan solo las primeras pinceladas
de un cuerpo, de una casa,
de un país que nunca pudo ser.
POSTAL
Un puente une al este con el oeste.
Cada mañana se abren y aseguran las puertas,
cruje la escarcha en las ventanas
la niebla cubre la punta de las construcciones,
dos aves cruzan el cielo en dirección contraria
perdiéndose entre el corte de los edificios con el horizonte
y la gente espera en las líneas de cebra. El semáforo está en rojo,
durante algunos segundos unos se cruzan con otros,
alguien mira a alguien que fortificado en sus auriculares
desvía la mirada.
Dos policías somnolientos terminan la vigilia
que impide a los suicidas lanzarse a la gravedad.
CONTRA RUTA
No tuve miedo en dejar
solo una huella accidental en el cemento.
Escapar de las conglomeraciones
de las nucas estresadas en los micros,
con todos los ángulos apuntando lejos de casa.
Escapar,
sin saber que hasta el desierto mueve sus rutas
y que entre paso y paso,
cubierto por el polvo indiferente del verano,
terminaría como un perro
que duerme a la sombra de otro.
Anahí Maya Garvizu (Chuquisaca, 1992). Ha publicado parte de su trabajo en la antología poética F/22 (Ubre Amarga Ediciones, 2011), en la revista Matérika (Costa Rica 2011), Santiago en Paz, encuentro de poesía Bolivia-Chile (2012), Tea Party II: Muestra dinámica de poesía latinoamericana (Editorial Cinosargo, La Liga de la Justicia, 2013), 90 Revoluciones (Editorial Mecánica Giratoria, 2015), en el suplemento Rayuela de Chiapas-México (2016); Ulupica, trece poetas bolivianos actuales (Editorial Libros del Cardo, 2016), Transfronterizas: 38 poetas latinoamericanas (compilación a cargo de Ediciones Punto de Partida, carrera de Literatura de la UNAM, México, 2016) y en la revista Contratiempo (Chicago, 2017).
