Cinco poemas, comienzo de Lengua de señas de Enrique Winter
- electrodependiente
- 22 jul 2017
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DESPLIEGA ALAS DE SERRUCHO
clavos entre las plumas brinda
a la luz de las velas
luego la roja
hinchazón de la vaina
y del cuchillo
tela rasgada
AQUÍ SE ESCULPE CON LOS OJOS OÍDOS
ojalá las imágenes se basten a sí mismas
pero lo que dicen es y debe ser
otra cosa
del dueño amando hasta el olor de los billetes
se los refriega por la trompa y los párpados como un artista las teorías
en boga nada malo si mantuviera los ojos semiabiertos y la nariz
parcialmente despejada
como este día en el puerto un buque
de carga se agranda conforme pierde definición la tarde
y trae a dos mil asilados
esto se trata de dos amigos que conversan de otra cosa
mientras gozan las imágenes que trafican láminas del álbum
de fútbol o monitos que incluyen la faltante para completarlo
fotos del fin de semana en la playa de un cumpleaños familiar
si no olvidable de exnovias que renuevan su ricura
desde el paso del tiempo y bajo el humo del asado o del cigarro
del catálogo de autos que jamás podrán comprar de pin ups
u otras bagatelas del recuerdo
y el recuerdo puede ser instantáneo
esto también puede tratarse de una madre y un hijo
o uno solo de los amigos conversándose en voz baja
mientras las imágenes se le traspapelan echado en y de un hotel
de la ciudad donde vivió toda su vida
POR CAPAS EL MAR VA PONIENDO EN EL SOL
el recuerdo del recuerdo de la luz
sábanas que descorren la leche derramada
en el braceo
y una nueva oportunidad para entenderse
en pares trae la noche
que toca a los actores secundarios
adónde miran los protagonistas confluirán sus aguas
servidas de café o té verde
en algo como el mar sal de los ojos
sal de quien mira atrás
las sábanas la leche o por la tarde
por capas la pintura va poniendo en la tela
el recuerdo del recuerdo de la ola
luz derramada de interrogatorio
qué nos quiere decir el retratado
si ahora mira como no podría
una quietud inquieta
le inquieta acaso hueso o solo humus
cuando contempla inapetente
la arena que no está en las córneas de quienes lo indagamos
aprieta el pecho y se parece al hambre
en un idioma que no habla el castellano se refugia
en un castillo y castra
el color es la costra o su accidente
braceando los actores secundarios
una piscina roja con los muros marrones
el nácar raspa un hueso día que al sanar la carne oculta
como su mano sobre el pecho
nada en la tela que respira
mano distinta sin tomarla
entre las nuestras ni juntarnos
en la playa por un café por el té de las cinco
esa mano en el pecho de la tela
que no damos ni nos busca
UNO ELIGE UNA MANO QUE ATRAPA UN PÁJARO
el pájaro es uno
PERFIL ACTIVADO SILENCIO
a olfatear lentamente porfa
con la cautela de quien toca
el primer chanchito de tierra
o paga en moneda extranjera
los ojos ruedan con el bicho
bolita en los billetes chicos
del capital en otro cuerpo
y el propio permanece quieto
es la manzana sin mascada
si no se muerde la manzana
el aire no la pudre espera
la cáscara es la resistencia
De Lengua de señas
Enrique Winter (1982) Ha publicado en diez países los poemarios Atar las naves, Rascacielos (traducido como Skyscrapers), Guía de despacho y Lengua de señas (como Sign Tongue), y el disco Agua en polvo, reunidos en Primer movimiento, Código civil, De ruidos para construcción y orquesta, Nunca aprendimos a saltar la cuerda, Puste spacje, Suns y Oben das Meer unten der Himmel, además de la novela Las bolsas de basura. Traductor de antologías de Charles Bernstein y Philip Larkin, ha recibido los premios Víctor Jara, Nacional de Poesía y Cuento Joven, Nacional Pablo de Rokha y Goodmorning Menagerie Chapbook-in-Translation, entre otros. Columnista de El Desconcierto y Vallejo & Co., fue editor de Ediciones del Temple y abogado. Es magíster en Escritura Creativa por NYU y coordina el diplomado homónimo de la PUCV.
