Érase una vez el Sol Negro: cinco poemas de Andrés Torres Meza
- electrodependiente
- 16 jul 2017
- 3 Min. de lectura
TU FUTURO ES TAXIDERMIA
Siameses de sueño invertebrado tu cuerpo
blando
Casi traslúcido en frasco de formol
Parece cuerpo de oruga, gusano,
dijeron los guantes de látex a las bolsas de
basura.
Y los instrumentos quirúrgicos gritaron:
“Formol al 10%”, tratando de petrificar tu
belleza ante los Soles Negros.
Soles Negros diseccionando tus múltiples
rostros.
Soles Negros congelando el nacimiento del
Mosco Cárdeno.
Mosco varado como único futuro para tu piel
tus días tus calendarios.
Entonces ejecutaron la receta para separar
piel de los músculos
carne de los huesos
carne de los nervios:
Alumbre……………………….5 libras
Corteza de granada………….…4 libras
Jabón mineral……………….…4 onzas
Sal marina………………….…..4 onzas
Serrín fino…….…………….….4 libras
Y desde mi sueño en cataplexia
escuchaba el serrucho
Escuchaba a los dictadores de lo bello
Escuchaba a los maestros de la Taxidermia
gritar eufóricos que detendrían la podredumbre,
que con sus instrumentos quirúrgicos
Bello te nacerían
Bello te perpetuarían.
PROMESA FUTURA
“Espéculo”, me dijo el obstetra
mostrando la máquina de metal
con la que ensanchó la abertura.
Penetró una mano en el interior.
El vientre comenzó a desinflarse.
A tornase amarilla la piel.
Negras venas emergieron de las estrías
enramándose por todo el cuerpo
surcando diferentes direcciones / líquidos
derramados sobre un mapa sueño carne.
El obstetra no dejaba de repetir:
“Está muy bien, apto. Todo en su lugar, apto”.
A medida que la mano enguantada
hurgueteaba en el interior del cuerpo,
el vientre se arrugó más /facciones
emergieron en la piel
como dibujos o poemas inacabados.
Era el rostro de aquella promesa futura.
Parecía tener cuatro ojos
dos narices
dos bocas
Eras tú
Siameses de Sueño
UN MONSTRUITO
Un monstruito
que nazca
Así ganamos
dinero
zurces cortina
tricolor
Como quien zurce
Células
en el Útero.
Eliges alguna esquina
transitada y
lo exhibes
Al tiempo que
tarareas melodías graciosas.
Yo,
con una bolsa en la mano exijo dinero.
Quizás con el tiempo lleguemos a la Tv”,
me dijo ÉL.
A mí me pareció una idea excelente
ÉRASE UNA VEZ
Érase una vez el Sol Negro
que nunca acarició mi vientre
únicamente el sonograma y el gel eléctrico
pasaron sus manos de látex
por tu rostro no formado.
A medida que tus facciones Craneópagas
eran descubiertas X la máquina
pensaba en tu padre volviendo a casa
con en el licor de odio en los Ojos.
Ojos envenados de furia etílica
Ojos refulgentes de Sol Negro
Ojos envidiosos de mi amor por ti
Ojos de furia por la cuarentena
Por el túnel uterino débil y ensangrentado
No cicatrizado / No sellado.
“Cósete esa mierda sin sentido
que me mira y acusa”, me dijo él
vomitándome dentro su semen.
Yo,
con membranas de pez entre los dedos
me la cubría y pataleaba y escupía su aliento
de vino bruto
luchando a muerte contra sus dedos
gruesos y castigadores
que acusaban a mi sangre de mala raza
que acusaban a mis células de mongólicas
que acusaban a mi padre, madre, hermanos de
[mongólicos
mongólicos mongólicos mongólicos.
Y mientras te arrullaba
te susurraba historias infantiles
que el Sol Negro no podrá pervertir jamás:
Erase una vez un vientre con un niño con dos
[ojos.
Un vientre con un niño con dos oídos.
Un vientre con un niño con una cabeza.
Érase una vez en un vientre
un niño…
VACÍO
Nunca
tocó el vientre.
Nunca
toqué su vientre.
Nunca la vi hablándole.
Nunca me vi hablándole.
Ni lo acarició como suelen hacer las madres.
Ni lo acaricie como suelen hacer los padres.
Una noche, al regresar del trabajo
la encontré mirándose el pellejo estriado.
La cabeza, ligeramente inclinada.
Los ojos, muy abiertos.
Al darse cuenta de mi presencia
se incorporó.
Me miró fugazmente refugiándose en la cama.
¡Qué estúpidos hemos sido!
No nos hubiese costado más de 70 lucas
partir en busca de algún doctor Benway para que vaciase toda
aquella montaña de carne sin sentido. Pero el tiempo pasó y pasó
y cada uno de nosotros, hombres en el metro, hombres
arriba de las micros, humanos por miles marchando
por las calles adoquinadas
mirábamos aquel vientre sin prestarle ninguna importancia.
¡Ahora todos nosotros yacíamos condenados a cuidar a una
[criatura nacida del vacío!
Andres Torres Meza. (Santiago de Chile,) Poeta. Cuenta con estudios en fotografia y bibliotecologia, ha publicado "Tras la cupúla de neón un dios loco observa" (La Polla literaria) y "Siameses de Sueño" (Ediciones Filacteria, 2016).
